¿Qué es el ciberbullyng?

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Foto cortesia de: www.pixabay.com

Las generaciones cambian, la tecnología cambia y los comportamientos infantiles también. Así parece demostrarlo una tendencia que ha ganado fuerza en los últimos años y que es conocida como “ciberbulling”.

El ciberbullyng consiste en el uso de los medios digitales y telemáticos, como Internet, telefonía móvil y videojuegos, entre otros, para ejercer acoso psicológico entre personas. Aunque no se trata exclusivamente de acoso o abuso con contenido sexual, el contenido que se intercambia es de alto impacto.

Una de las características que define al ciberbulling es que deben estar involucrados menos de edad en ambos extremos de la comunicación. En caso de que un adulto forme parte de la interacción, estaríamos ante otro tipo de conducta indeseada, conocida como “ciberacoso”.

Es importante aclarar que este comportamiento tampoco se trata de personas adultas tratando de engañar menos de edad con el fin de encontrarse con ellos en el mundo real o conseguir imágenes sexuales. Sin embargo, se conoce de casos donde el ciberbulling comienza con menores y termina implicando adultos con intenciones sexuales.

En este sentido, podríamos afirmar que estamos ante un caso de ciberbullyng cuando un menor de edad atormenta, hostiga, humilla o molesta a otro, utilizando como medio un elemento tecnológico de comunicación. Según un estudio sobre hábitos inseguros en Internet, realizado en 2009, este acoso entre iguales producido en los entornos TIC incluye chantajes, vejaciones e insultos.

¿El ciberbullyng está relacionado con el acoso escolar? Parecen similares, pero no lo son tanto. El primero atiende a otras causas y se manifiesta de forma muy distinta a la segunda, además de poseer estrategias diferentes de abordaje y de consecuencias. Pero, lo que sí es posible, es que el acoso escolar no controlado se convierta con el tiempo en ciberbullyng, o viceversa.

Lo más peligroso del ciberbullyng es el anonimato, la falta de percepción directa e inmediata no solo del agresor (o los agresores), sino también del daño causado. A esto se le suma la adopción de roles imaginarios en la red, que distorsiona el sentido de identidad de los niños involucrados.

Las formas de ejercer el ciberbullyng son infinitas y sólo están limitadas por la pericia tecnológica de quien la ejerce. Sin embargo, existen algunas conductas más frecuentes que pueden ayudar a determinarla, como colgar en Internet imágenes que puedan comprometer la integridad moral o psicológica del afectado, crear perfiles falsos o con nombres de víctimas para hacer pasarse por otra persona y dejar comentarios en foros de opinión sin revelar la verdadera identidad.

Fuente: http://www.ciberbullying.com

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